El rio Onyar a su paso por Girona

Queda claro que los ríos realzan la belleza de las poblaciones que atraviesan; este es el caso del río Onyar a su paso por Girona.

Plano del centro de Girona

Junto a la parte vieja de Girona, el rio Onyar queda encajonado entre las casas, una sucesión de edificios antiguos de colores, algunas descorchados y mal conservados, pero que pintan una de las imágenes más significativas de la ciudad. Tienen sus fachadas fluviales pintadas siguiendo una paleta cromática realizada por los arquitectos Fuses y Viader.

Diversos puentes permiten cruzar el caudal del río. A lo largo de su historia, Girona necesitó unir las dos partes de la ciudad que se encontraban separadas por el río. La margen derecha (Barrio Viejo) y la izquierda (barrio de Mercadal). En la actualidad no queda ningún puente medieval y la mayoría de las construcciones son contemporáneas.

Justo antes de confluir con el Ter, el rio Onyar atraviesa el centro de Girona. El crecimiento del rio Onyar antíguamente provocaba riadas e inundaciones en la ciudad. La más importante es la riada del otoño de 1962, cuando el nivel del río subió unos cuántos metros, anegando sótanos y plantas bajas. Actualmente, la cama del río se ha canalizado y ya no se producen más inundaciones.

Toda esa gran fachada que da al río Onyar a su paso por Girona surgió en la Edad Media y no tenía ventanas ni balcones ni hueco ninguno hacia el río, porque eran las traseras de las casas que se habían adosado a la muralla histórica para crear un cinturón de seguridad que protegiese a la ciudad de posibles ataques. Cuando la frecuencia de los episodios bélicos descendió y la vida cotidiana se fue haciendo más pacífica, esta parte de Girona empezó a cambiar.

En esa pared cerrada junto al río se fueron abriendo huecos, ventanas, ventanales, balcones, que podían alegrarse con la visión del río y de su agua, casi siempre mansa.

Con el paso de los años, fue dibujándose esta extensa fachada cromática, con diferentes tonalidades ocres, amarillas, rojizas, exageradas según los días por las cuerdas de ropa tendida que cuelgan de muchas de esas habitaciones. La única casa que no está pintada de color, si no que es blanca ,es la Casa Masó, uno de los artistas más reconocidos de Girona.

En 1.983 se las adecentó y rehabilitó (con trabajos a cargo de arquitectos y pintores especializados en este tratamiento del color), para que, ya que se habían convertido en una de las estampas identificativas de Girona, tuvieran el mejor aspecto posible.

El Barrio Viejo y el Barrio del Mercadal de Girona están separados por el río Onyar. Este factor ha provocado que históricamente haya sido muy importante el papel de los puentes en la comunicación entre los dos principales ejes de la ciudad. Estas construcciones han acabado convirtiéndose en un importante referente arquitectónico para la población.

Al final de la Rambla encontraremos el puente más monumental de Girona. El Pont de Pedra, situado a pocos metros del histórico Hotel Peninsular, data de 1856 y une el Casco Antiguo con la Eixample. Desde este emplazamiento podremos disfrutar de una vista espectacular y privilegiada de las casas del Onyar. Es posible que los visitantes más curiosos y observadores sean capaces de encontrar alguna sorpresa fósil entre las piedras que forman la barandilla del puente.

Cuando empezamos a vislumbrar el acceso a la Plaça de la Independència deberemos girar a la derecha, porqué ya habremos llegado al que seguramente es el puente más fotografiado y conocido de Girona: el Pont de les Peixateries Velles, también conocido como el Pont de Ferro.


Este puente data de 1877, y fue construido por la compañía francesa Eiffel et Cie., la misma empresa responsable de la famosa Torre Eiffel de París, que fue inaugurada algo más tarde, en 1889.

Siguiendo nuestra ruta hacia el centro de la ciudad, bajo los edificios de la misma plaza, encontraremos el acceso que nos conduce hacia el Pont de Sant Agustí.

La estructura toma su nombre del antiguo convento que funcionó en este espacio entre los siglos XVII y XIX. Este puente ha sufrido numerosas reformas durante su historia. La estructura que vemos hoy día data de 1973.

La estrecha y encantadora calle Calderers ya nos ofrece una primera impresión de la arquitectura y estética del casco antiguo de Girona. Al final de esta calle, al lado de una farmacia y medio escondido por las fachadas de las casas del Onyar, encontraremos el acceso al Pont d’en Gómez.

Para mí, por su sencillez, este es el puente más bello. Sin quitar protagonismo a su precioso entorno es el lugar idóneo para inmortalizarse en este maravilloso marco.

Finalizaremos nuestra ruta en el Pont de Sant Feliu, un emplazamiento ideal para disfrutar de una espectacular vista de la Iglesia de Sant Feliu, con la Catedral justo detrás suyo. Construido el 1995, su arquitectura ya nos indica que se trata de un puente muy actual, y nos sirve como puerta de entrada o salida del casco antiguo de Girona.

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