Calle Robadors, último reducto de la prostitución en el Barrio Chino

Street Robadors, last stronghold of the prostitution in the Chinese Quarter

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Antes Distrito V, hasta hace poco Barrio Chino y actualmente El Raval,  es el barrio más decadente del distrito de Ciutat Vella de Barcelona.

 

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Los escasos 300 metros de la calle de Robadors,  son de los más transitados del centro de Barcelona. Vecinos, prostitutas, mirones, traficantes, comerciantes y turistas se entremezclan en la que lleva años siendo una de las zonas más polémicas del barrio y donde conviven varias generaciones y culturas.

 

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Es un curioso espacio arquitectónico que desorienta y separa al turismo de moda del vicio, que queda más en el pasado melancólico que de la virtud de su actual status. Se cruzan las miradas del visitante curioso y vulnerable por descubrir nuevas sensaciones y experiencias que entren por la vista, del turista que hace fotos a prudente distancia pero que percibe los mitos y leyendas por donde el barrio conserva sus encantos y sus costumbres de su añeja solera. Y también, de sus fabulas contadas a la usanza de las curiosas anécdotas pasadas y vestidas de memoria histórica por los pocos viejos que quedan viviendo en el barrio.

 

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Al atravesar el callejón, sorprende el cruce de miradas, rápidas como flases. Aquí todo quisqui intenta calar al otro, si va o si viene.  Los señores de edad avanzada que andan detrás de las prostitutas; las chicas, nigerianas, latinas o del Este; el butanero; el sin techo; el paquistaní que deambula tal vez haciendo tiempo hasta que le toque el turno en la cama caliente; el tipo en chándal; la bandada de muchachos negros que aguarda el fin del centrifugado frente a la lavandería; el guiri perdido; el chaval con rastas que ha bajado a pillar (o lo parece), o un servidor, con cámara en mano,  impaciente por fotografiar todo lo que se mueve.

 

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Se la conoce por Robadors, aunque en el cartel dice «d’en Robador», un topónimo, el de la calle, que nada tiene que ver con la posibilidad de que te soplen el monedero, sino con la conjetura de que así se apellidaba un payés cuya masía coronaba estos territorios, allá por el siglo XIV.

 

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Cuando entras por la calle de Robadors un  halo de húmedos y fermentados olores te atrapan como en una esencia de sutil pecado. Son las fragancias del vicio y de la virtud, de la transgresión hecha breve en su razonamiento del acto del irse de putas «con perdón».  O de pillar un poquito de “chocolate” cannabinoide  para fumar y comenzar al rato a decir vanas tonterías. O igual, de cruzarse con algún carterista atento al descuido que quiere hacer su jornada de ratero mangante con daños a terceros.

 

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En el siglo XIX se contempló la posibilidad de transformar este barrio en el epicentro fabril de la capital catalana; el derrumbe en 1854 de los muros ciudadanos derrotó el plan y sumió a esas calles en la depresión de ser el estandarte de la mala vida, criminalizada por la burguesía en 1912. Durante esos años la zona baja del barrio se llenó de locales y prostíbulos con pésima reputación y abundante concurrencia que se consolidaron durante la posguerra, cuando se popularizó bajo dos nombres antológicos:  para la prensa, amante de lo escabroso, se convirtió en el «distrito quinto», el de los horrores, gomas y lavajes y depravación a gogó;  para el pueblo fue, simplemente, el «barrio chino», inmortalizado por fotógrafos como Joan Colom,  y debido a su peculiar manera de ser, se popularizó como un lugar literario idóneo. Fue un imaginario que atrajo a periodistas, artistas, poetas y escritores, tanto autóctonos como foráneos. De aquí la importante literatura que generó a lo largo del siglo XX.  En esta época fue bastante frecuentado por los marines de la sexta flota norteamericana.

 

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A principios de siglo XX Barcelona era la tercera ciudad del Planeta en número de prostitutas. Sólo Marsella y Shangai superaban sus diez mil féminas que en muchas ocasiones ejercían por necesidades familiares. Era normal que muchas mujeres de clase baja perdieran el trabajo y se apostaran en las esquinas para llevar dinero a casa.

 

 

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Actualmente esta zona de la ciudad está en plena ebollución a consecuencia de la tristemente célebre Operación Illa Robadors, donde se ya se han destrído mas de  50 edificios, 450 viviendas y 93 locales comerciales para levantar un hotel de lujo y una filmoteca, en un ejemplo de urbanismo salvaje y mobbing descomunal que ha trascendido nuestras fronteras.

 

Para simbolizar el pasado más reciente de este universo, os propongo visualizarlo a través de unas cuantas fotografías que abarcan la trayectoria de Joan Colom, considerado como uno de los más importantes fotógrafos de los años 50 y 60 y uno de los grandes documentalistas de la vida cotidiana de Barcelona. En ellas encontraréis las imágenes más conocidas, tomadas casi clandestinamente en los años 60 en el Barrio Chino de Barcelona: fotos en blanco y negro de la gente de la calle que se han convertido en iconos.

 

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7 pensamientos en “Calle Robadors, último reducto de la prostitución en el Barrio Chino

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  2. Leí hace un par de años Homage to Barcelona de Cólm Toibín, quien conoció la ciudad a finales de los 1970’s. Cuenta que algo que le chocó tremendamente entonces, fue el espectáculo de las “chicas trans” desfilando por El Raval, incluso a plena luz del día, de mañana, y departiendo incluso en panaderías y cafeterías con las marujas del barrio. “Algo impensable e inconcebible en Dublín”. Me gustó mucho más su libro que el Journal du voleur. Me da la impresión que el barri está bastante más degradado (y bajonero) que Lavapiés o que el Desengaño y La Montera madrileña; ¿en manos de quiénes están, actualmente, esas damas? ¿Por qué cada vez se ven menos pancartas en los balcones: “Volem un barri digne”? En Barcelonas, Vázquez Montalbán, criado en la plaça del Pedró (o alrededores), menciona que al travestismo político de la transición, se unió, en paralelo, y como proyección rijosa de aquél, el travestismo venal callejero, stricto sensu (el otro también es venal, evidentemente), que ya contaba con tradición. Se podrían añadir en la crónica los narcopisos, el reciente retorno a la heroína en el barri, introducida por los pakis, ante el silencio de la població y los paseos peripatéticos de los mossos que recuerdan al Jack Lemmon de Irma la Douce. Los bares del barri parecen el punto de encuentro de MakiNavaja, y tienen poco de taberna catalana… Cuesta creer que in illo tempore, por allí se asentase cierta Mas d’en Robador.
    N.B:Buen artículo, con buen material fotográfico

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