El Santuari del Far es uno de ellos. A más de mil metros de altura, este santuario se alza sobre los riscos del Collsacabra como un faro de piedra que guía a quien se atreve a buscar silencio, belleza y horizonte.
Aquí, el viento lleva historias antiguas y las montañas guardan secretos de fe y de leyenda. Dicen que quienes suben al Far sienten algo distinto: una calma profunda, una emoción difícil de explicar. Tal vez sea el paisaje infinito, tal vez la energía de un lugar que parece fuera del tiempo.


