San Sebastián, la perla del Cantábrico

The pearl of the Cantabrian Sea

 

San Sebastián es la capital de la provincia de Guipúzcoa y está situada a 20 kilómetros de la frontera con Francia.

 

A esta bella ciudad se la llama de varias maneras: Donosti, Donostia, San Sebastián, Donostia-San-Sebastián, Sanse, La Bella Easo, ¡hasta Hirutxulo!).

 

Casa Consistorial (Ayuntamiento)

Los que la hayan visitado reconocerán que es una ciudad preciosa. Abierta al mar, con un centro histórico repleto de rincones para admirar, bares, cantinas, y una buena cantidad de lugares para “perderse”. Y si hablamos de su gastronomía es caso aparte. Donosti es uno de los mejores lugares de España para comer, degustar ricos manjares, tapas exquisitas acompañadas de vino de la tierra…

 

 

Gabriel Celaya escribió los más bellos de sus versos para San Sebastián. Era el poeta de “esta sirena dormida abandonada indolente en torno a La Concha”,  a la que algunos le llaman “la más bella playa urbana del mundo”.

 

 

 

Su paisaje, dominado por la Bahía de La Concha, su arquitectura de la “belle epoque”, su gastronomía y los eventos culturales que aquí se celebran, como el “Festival Internacional de Cine”, han dado una gran fama a esta ciudad, a pesar de sus pequeñas dimensiones.

 

 

Esta fama ya le viene de antiguo, comenzando tras la muerte del rey Alfonso XII, en 1885, cuando su viuda, la Reina Regente María Cristina, traslada todos los veranos la corte a San Sebastián. Para ello se construyó el Palacio de Miramar como residencia de veraneo de la familia real.

 

La mas conocida de sus cuatro playas es la playa de la Concha. Una de las playas más famosas de España. Con una longitud de 1350 metros y una anchura media de 40 m. La arena es fina.  Hay un balneario dentro de la playa. Y tambien es muy conocida por sus dos relojes en el centro de la misma, sus tamarindos, las farolas características y su famosísima barandilla.

 

 

Un atractivo y eficaz modo para conocer la ciudad es subirse a uno de los vagones del tren turístico que realiza un cómodo trayecto por los lugares más emblemáticos.

 

 

La Parte Vieja comienza con el barrio pesquero, que sólo tiene 150 años de antigüedad. Las calles estrechas y bulliciosas dan cabida a docenas de bares y restaurantes, donde le recomiendo llegar con el estómago vacío. Las tentaciones de las barras, a rebosar de los más deliciosos pinchos, son un tentaciones gastronómica a la que debe responder sin remordimiento. Pruebe las croquetas, la ropa vieja (tortilla de patata con carne cocida), tapas de bacalao, txakoli con tacos de jamón y queso… el etcétera es larguísimo.

 

 

 

La Catedral del Buen Pastor es la construcción religiosa más grande de Donostia. Preside el centro de la ciudad y forma un hermoso conjunto junto con el centro cultural Koldo Mitxelena y el edificio de Correos. Su torre, situada sobre el pórtico de entrada, se eleva a 75 metros de altura en forma de aguja y es visible desde casi todos los puntos de la capital.

 

 

Si tenemos que buscar un corazón en la ciudad, quizá esté en la plaza de la Constitución, donde estaba el viejo ayuntamiento. El latir de San Sebastián empieza y termina en este pequeño cuadrado. Desde los carnavales a las manifestaciones políticas, la tamborrada y el recuerdo de la antiguas corridas que se celebraban aquí, antes que Donostia contara con la plaza de toros. Hubo una plaza en Gros que se derribó hace unos treinta años.

 

 

El monte Igueldo-Igeldo corona la ciudad por un lado con un torreón que sustituyó a un antiguo faro. Se puede subir por dos carreteras, o elegir el veterano funicular que sale cerca de la playa de Ondarreta y ascenderá cómodamente hasta lo más alto. Es una visita obligada para que los niños disfruten en el parque de atracciones, con trenes, barquitas, ponies y tiendas de golosinas.

 

 

La bahía está dominada, desde 1950, por la estatua del Sagrado Corazón de Jesús, obra de Federico Coullant y que recuerda a la imagen que preside la bahía de Río de Janeiro.

 

 

El Kursaal es hoy un Palacio de Congresos-Auditorio donde las limitaciones no tienen cabida. Por fuera dos cubos de vidrio traslúcido que, con sus terrazas, se extienden por un lado hasta el mar Cantábrico, y por otro a una ciudad acogedora y bella. Por dentro, dos auditorios y un espacio camaleónico que se abre a las posibilidades más creativas y más novedosas.

 

 

El Peine del Viento es un conjunto de esculturas de  Eduardo Chillida sobre una obra arquitectónica de Luis Peña Ganchegui, finalizada en 1976. Está compuesto por tres esculturas de acero incrustadas en unas rocas que dan al mar Cantábrico, además de la zona de alrededor, acondicionada con unas salidas de aire y agua que se alimentan de las olas rompientes. La colocación de las tres piezas, de casi diez toneladas de peso cada una, planteó muchos problemas, pues el escultor quería que el entorno se mantuviera intacto. El lugar preferido del escultor se convirtió así en emblema de la ciudad y seña de identidad de los donostiarras.

 

 

4 pensamientos en “San Sebastián, la perla del Cantábrico

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